Por la neutralidad política en las instituciones sanitarias públicas de Cataluña

“La concordia hace crecer las pequeñas cosas y la discordia, arruina las grandes”

(Salustio, siglo I a.C.)

Desde hace meses, el espacio público en Cataluña se ha ido llenando de simbología a favor de determinadas posiciones políticas.

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Foto tomada de elcatalan.es

Y las instituciones en las que se ofrece asistencia sanitaria a toda la población, desde organismos de gestión (como el Institut Català de la Salut) pasando por hospitales y centros de asistencia primaria y especializada, no han permanecido inmunes a dicho fenómeno.

Resulta evidente que se trata de centros que ofrecen un servicio público a todos los ciudadanos, con independencia de su adscripción ideológica. De ahí, precisamente, que lo procedente a nuestro entender, sea omitir simbología con la que sólo se identifica una parte de los usuarios y que, además, no está regulado por ley que pueda exhibirse (como sería el caso de los símbolos que representan a dicha instituciónn o de las banderas oficiales).

Habrá quien argumente que estas recomendaciones de neutralidad vulneran la libertad de expresión de los profesionales que ejercen en dichas instituciones. Por lo que respecta a los médicos, los siguientes artículos del Código Deontológico, pueden ayudarnos a valorar dónde están los límites de nuestra libertad de expresión como individuos cuando del cuidado y respeto a los pacientes se trata:

“Capítulo III.

Artículo 8   1.‐ El médico debe cuidar su actitud, lenguaje, formas, imagen y, en general, su conducta para favorecer la plena confianza del paciente.

Artículo 9   1.‐ El médico respetará las convicciones de sus pacientes y se abstendrá de imponerles las propias.

Artículo 18.  El lugar donde se preste la asistencia sanitaria deberá ser acorde con la dignidad y el respeto que merece el paciente y contará con los medios adecuados para los fines que ha de cumplir.

(Código de Deontología Médica, Consejo General de Colegios de Médicos de España, 2011)”

Pensemos hasta qué punto estamos favoreciendo, con nuestras actitudes y con la exhibición de determinados símbolos, que los espacios de cuidado y especialmente si son de todos, sean ámbitos de concordia y no de discordia.

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